6 mayo, 2021

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La larga decadencia del Real Madrid

El Real Madrid simultanea grandes partidos con otros de un juego insulso y plano, pero son más los últimos que los primeros. Los problemas, más que de juego, son de planificación y banquillo.

Kiev 26 de mayo de 2018, el Real Madrid vencía por 3-1 al Liverpool y ganaba su decimotercera Champions y la tercera consecutiva en el nuevo formato. Eran momentos de alegría para el equipo y la afición, pero que tapaban una temporada más bien irregular, donde el equipo no tuvo oportunidades de ganar la Liga, se tiró la Copa del Rey, y en Champions hay que recordar las eliminatorias agónicas frente a Juventus y Bayern. Más aún al término del partido, en el mismo césped Cristiano y Bale mostraban su disgusto con el club y sus deseos de irse. Era el principio de la decadencia.

Ese verano Cristiano dejó el club y marchó a la Juventus, el problema no fue su marcha, algo que podía pasar en años posteriores, sino que el club no fichó a nadie para reemplazarlo, se perdieron casi 50 goles por temporada. Si bien es verdad, que no hay en el mercado otro jugador libre que los haga, sí que los había que garantizaban 30. Pero eso no fue todo, Zidane presentó su renuncia con el argumento que no podía o quería hacer la necesaria renovación de la plantilla. Hay empezó el vodevil para encontrar entrenador, muchos fueron los que se negaron, y al final se contrató a Lopetegui, entonces seleccionador nacional, con todo lo que ello trajo. No hubo casi fichajes y la plantilla siguió siendo la misma.

Campeón Champions League 2018: Otro Real Madrid de por vida gana la 13ª  Champions League ante el Liverpool | Deportes | EL PAÍS
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La temporada fue un desastre absoluto, Lopetegui destituido, Solari estuvo de puente hasta que volvió Zidane como el salvador de una situación que amenazaba con llevarse por delante incluso a Florentino Pérez. La siguiente temporada empezó por los mismos derroteros, irregular en Liga, y a trompicones en la Champions. En eso llegó el confinamiento y a la vuelta el Madrid con un juego más sobrio y efectista que bueno ganó la Liga, aprovechando además una crisis descomunal del Barcelona, pero la ilusión daba para lo que daba y el City nos mandó para casa en Champions.

Vuelta a empezar sin fichajes por la crisis del coronavirus, la temporada ha sido una montaña rusa, más de resultados agónicos y de juego insulso y aburrido, jugándose la temporada en la llamada “semana milagrosa” en la que derrotó a Sevilla, Borussia Monchengladbach y Atlético, permitiéndole estar vivo en Liga y Champions.

El equipo está envejecido en sus posiciones clave, con jugadores que pasan de largo la treintena, alguno no tiene relevo de calidad en el banquillo, y éste también se nutre de veteranos y de jóvenes en los que no cree Zidane, entrenador con una filosofía, si es que la tiene, alejada de los conceptos futbolísticos que están de moda en Europa. No cree en la cantera, que para él no existe, ni le da oportunidad a jóvenes que puedan demostrar su valía, que parecen tenerla en otros equipos, véase casos de Achraff, Reguilón o Brahím. Mantiene un equipo casi fijo en los que pase lo que pase siempre juegan los mismos, lo que lleva a la desconexión de los suplentes, y es incapaz de hacer una lectura táctica de los partidos, errando, casi siempre, en las modificaciones y los cambios. El Madrid, en suma, juega andando, sin alegría, casi sin chutar a puerta, y con una posesión absurda e inútil que no va a ningún sitio.

Bronca de Zidane en el vestuario contra jugadores del Real Madrid | Soy502

No obstante no todo es culpa de Zidane, la planificación deportiva, también deja que desear, a la ya referida ausencia de fichajes en el ataque, salvo Benzema, no hay delanteros, Jovic ni está ni se le espera, y con Mariano no se cuenta, tampoco hay jugadores que sustituyan a los veteranos que ya no dan para mucho más. Se estableció una política de fichar jugadores jóvenes para que despuntaran en el Madrid y así no tener que fichar al alza si eran jugadores destacados. La política es inteligente, pero para que cuaje hay que traer a un entrenador que sepa trabajar con los jóvenes, y no a alguien que no cree en ellos.

Se vive pendiente del posible fichaje de Mbappe, y el de Haaland; cuatro años ya son con el tema del jugador francés, y por ahora no ha venido y quizás no venga. El problema de fondo no es que vengan o no, es que si no se renueva con profundidad a la plantilla, poco o nada van a poder hacer por si solos el francés y el noruego. Enredados en renovaciones, que causan más ruido mediático que soluciones prácticas, se pierden, ya se perdieron, oportunidades de fichajes que deberían dar el salto de calidad que necesita el equipo, obviando una cantera, campeona de la Youth League, que muestra talentos a falta de oportunidades. Mientras, el equipo languidece por los campos de fútbol,  ofreciendo un juego triste y ramplón, dando la sensación que no se puede aspirar a nada, y que sólo se juega cuando la horca aprieta.

Muchos son los males que aquejan a este Madrid, necesitado de una profunda renovación en diversas áreas, pero uno de los problemas principales es el sonido de palabras amables a los oídos de jugadores, técnicos y directivos, a cada cual según interés y amistad, y que ocultan el bosque tras el árbol. Se puede vivir en la ensoñación un tiempo, pero al final la realidad siempre aparece de forma inexorable y sentenciadora.

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