31 julio, 2021

Deportes Total 8

La web del deporte

Kuzma ayuda al sistema, el sistema ayuda a Kuzma

Con la llegada de Anthony Davis a Los Ángeles y el cambio de dirección en el proyecto de los Lakers, no es una novedad decir que Kyle Kuzma quedó un poco en tierra de nadie. Pasó de ser clave en el proyecto de los de oro y púrpura, de ser un jugador con enorme proyección al que se le esperaba y con quien se tenía paciencia, a ser uno más en un equipo plagado de estrellas que buscaba (y necesitaba) ganar ya. No se podría decir que el cambio de rol ha sido negativo para el alero/ala-pívot, ni mucho menos; seguro que él está muy contento, con el anillo en casa. Pero al mismo tiempo es evidente que fue un cambio muy brusco; para él y para la franquicia. Kuzma tuvo que buscarse rápidamente un nuevo lugar, lejos del protagonismo angelino y arropado por dos superestrellas de la liga, y cabe decir que el proceso de adaptación fue duro.

Durante la temporada pasada se vio a un Kyle Kuzma confundido, buscando su nuevo lugar en el mundo y una nueva forma de ser importante para el equipo. El bajón en cuanto a números fue preocupante (pasó de promediar 18,7 puntos por partido a promediar 12,8), pero en cuanto a sensaciones la cosa iba aún peor. El de Michigan cometía (muchos) errores de concentración (que siempre había cometido, pero cuando sus números anotadores bajan, los fallos se notan más) y las críticas empezaban a caer sobre él. Por un tiempo, Kuzma quedó en el aire. Muchos cambios al mismo tiempo, menos protagonismo, menos minutos, menos balón, peores números y, como consecuencia, menos (auto)confianza y más dudas.

Sin embargo, en La Burbuja se empezaron a ver cositas diferentes en Kuzma; y no sólo diferentes al Kuzma de la temporada pre-parón, sino al Kuzma de siempre, al Kuzma que veníamos acostumbrados a ver. En aquellos Playoffs se vio el trabajo de Frank Vogel con el joven de 25 años. Vogel lo hizo un poco más ‘suyo’ a Kuzma; no lo trató como la joven perla destinada a brillar en el equipo, sino como un jugador útil para su sistema. La cosa está en que la utilidad de Kuzma en el sistema de Vogel no pedía tanto un aporte ofensivo como sí un aporte en defensa, y en base a ello trabajó el coach. Hasta hace meses era impensable que Kuzma se pudiese convertir en un baluarte defensivo para los Lakers, pero eso es lo que tiene el deporte, que es impredecible hasta en las cosas que más obvias parecen.

En La Burbuja, Vogel empezó a reconstruir a Kuzma desde cero, pieza por pieza. Para el joven talento fue un ‘back to the basics’. El primer paso fue convertirlo en un valioso defensor. Y no fue fácil, porque en los inicios de este proceso le costó y mucho. Pero la disposición del jugador por reaprender siempre estuvo ahí, y eso fue (y sigue siendo) clave. De repente empezamos a ver a Kuzma marcando al mejor jugador del equipo rival; algunas veces salía muy bien otras muy mal, pero ha sido todo parte del proceso. A pesar de su evidente mejora en el costado defensivo, su rendimiento en ataque dejó mucho que desear en los Playoffs, y eso lo trajo una ola de críticas, a tal punto que se recogieron firmas para que no le entregaran el anillo de campeón; pero, de nuevo, todo es parte del proceso. Al final de La Burbuja, si bien no era una bestia defensiva, se veía un camino claro en su proyección y que se debía seguir la próxima temporada. Claro que aún quedaban muchas cosas por mejorar; entre ellas, la capacidad anotadora.

Y si La Burbuja fue de crecimiento para Kuzma, este inicio de temporada ha sido de darle continuidad a ese proceso individual y seguir aprendiendo. Hoy ya podemos ver a un Kuzma con las cosas muy claras, tanto en defensa como en ataque. Mejora al sistema defensivo colectivo (104,9 de rating defensivo sin él y 102,2 con él en cancha), cierra bien los espacios como marcador y su hiperactividad pasó de ser un problema a ser una virtud defensiva gracias a que ha sumado una concentración que antes no tenía. En ataque sabe dónde es fuerte y dónde no, en qué zonas debe aparecer y en cuáles no para hacer daño… han sido muchas horas en el gimnasio y captando información de charlas, entrenamientos y juegos, y eso se está notando una barbaridad.

Pero el aspecto en el que más ha mejorado Kuzma esta temporada (y con amplia diferencia) es en su capacidad reboteadora. Sólo en su primera temporada en la NBA (6,3) promedió más rebotes por partido de los que promedia ahora (5,8), y cabe recordar que en aquella temporada promedió muchos más minutos (31,2) que ahora (24). Además, su capacidad para coger rebotes en el costado ofensivo ha mejorado escandalosamente; no sólo porque los números lo demuestran (1,7 rebotes ofensivos, que es la mejor cifra de su carrera), sino porque las sensaciones son muy esperanzadoras. Su percepción para saber dónde ubicarse al luchar el rebote ofensivo es algo que nunca se había visto en él, y lo mismo pasa con el cerco reboteador (o su misma percepción) a lo hora de ir por el rebote defensivo.

Sus números están volviendo a subir también en ataque, si tomamos en cuenta la relación puntos/minutos jugados. Pero es curioso lo que está mostrando Kuzma en ataque a lo largo de este curso porque, como dije, no es el mismo jugador, sino uno mucho más analítico e inteligente en cancha. Ya no va como pollo sin cabeza a atacar el aro ni tiene esa decisión de tiro tan cuestionable que mostró la temporada pasada. Ahora tiene una función muy clara, sabe que esta función es necesaria para el equipo y que, si la cumple, tarde o temprano le llegará el balón para lanzar. Se adaptó y confía en el sistema.

Ahora, su hábitat natural está a las afueras del semicírculo; moviéndose también por dentro, claro, pero con mucha presencia fuera. Es un jugador que vive mucho más del triple de lo que solía (el 50,4 de sus intentos al aro son lanzamientos de tres; la mayor cifra que manejaba en este sentido la tuvo en su temporada de debut, con un 41,8%), y que además es más efectivo en el lanzamiento de tres (37,1%, el mejor porcentaje de su carrera en este apartado). Pero vive más del triple porque así lo requiere el sistema y porque ahí es donde lo busca el equipo, no porque lance triples ‘a lo Curry’ o ‘a lo Trae Young’, saltándose toda la cadena de pases; el 97,7% de triples que encesta Kuzma son asistidos por un compañero. Y esto se puede llevar a todo tipo de lanzamientos; el 79,8% de tiros que encesta son asistidos. Espera al sistema y lanza cuando se encuentra apto para hacerlo, no porque “se vuelve loco”.

El sistema ayuda a Kuzma, así como Kuzma ayuda al sistema. Es una retroalimentación constante, un toma y dame, entre los Lakers y Kuzma, entre Vogel y Kuzma. Kyle es el cuarto máximo reboteador (4,8) del equipo, el segundo en la lista que es suplente regular, sólo por detrás de Montrezl Harrell. Lo mismo sucede en el apartado de tapas (0,7). Su energía transformada en intensidad (sobre todo defensiva) va muy acorde con lo que es este equipo de los Lakers y lo que busca Vogel de sus jugadores: que dejen el alma. El carácter de Kuzma, pidiendo marcar al jugador más destacado del rival, le ha dado la confianza de su entrenador, de sus compañeros y de él mismo. Queda por delante mucho camino y Kuzma deberá seguir remando, pero el futuro pinta bien para él, y Vogel tiene mucho que ver en ello. Su reaprendizaje ha sido lento y paciente; ha ido paso a paso, aprendiendo una cosa a la vez… y, hasta ahora, no hay dudas de que ha sido la decisión correcta.